
¿Buscas a Jesús? “…y la gente lo buscaba.” Evangelio de Lucas 4:42.
Es interesante observar en los Evangelios la gran cantidad de citas en que la gente buscaba al Señor. Su fama ya se había propagado en todas las regiones. Salían a su encuentro y cada uno de ellos venía a El impulsado por sus propias necesidades. Es muy probable que no todos le buscaran por la misma razón.
Desde el año 1987, la Iglesia Bautista Bíblica de Villa Rosa existe para aquellas personas que en verdad
buscan a Jesús.
(Jesús dijo:) "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas." Mateo 11:28-29
En un relato de la Biblia, el profeta Elías dice que sus compatriotas han abandonado a Dios (1 Reyes 19). Se creía el único fiel y se aisló, decepcionado. Pero Dios se ocupó de él de una manera ejemplar. Le habló con un silbido suave y apacible. Le pidió que recuperara sus fuerzas, que regresara al lugar de donde había salido, y le habló de 7 000 hombres que habían permanecido fieles. Dios no le reprochó nada, pero le mostró que no debía quedarse solo.
A veces actuamos como Elías. Nos obsesionamos con nuestros problemas y los exageramos al punto de creer que Dios nos ha abandonado. Dios nos da dos recursos:
– Jesucristo, quien también fue incomprendido y conoció el cansancio cuando anduvo en esta tierra. A menudo, incluso sus discípulos no lo entendían. Él nos dice: “Aprended de mí…”. “Estoy con vosotros todos los días” (Mateo 11:29; 28:20). Nada puede separarnos de su amor. Expongámosle libremente nuestras penas, él nos escuchará con ternura.
– La familia cristiana. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1). Los creyentes forman una familia de hermanos y hermanas que se escuchan y se ayudan mutuamente. Jesús murió para “congregar en uno a los hijos de Dios” (Juan 11:52). Nos necesitamos unos a otros. Una persona aislada es vulnerable. Estar cerca de otros creyentes nos da seguridad.
Recordemos que la bondad de Dios nunca cesa, actuemos con gracia y preocupémonos los unos por los otros.
Todos estamos infectados por el pecado (Romanos 3:23). Nacemos con el pecado (Salmo 51:5), y personalmente escogemos pecar (Eclesiastés 7:20; 1 Juan 1:8). El pecado es lo que nos hace ser “no salvos”. El pecado es lo que nos separa de Dios. El pecado es lo que nos tiene en el camino a la destrucción eterna.
A causa de nuestro pecado, todos merecemos la muerte (Romanos 6:23). Mientras la consecuencia física del pecado es la muerte física, esta no es la única clase de muerte que resulta del pecado. Todo pecado es en última instancia un pecado contra un Dios eterno e infinito (Salmo 51:4). A causa de esto, la pena justa por nuestro pecado también es eterna e infinita. De lo que tenemos ser salvos es la destrucción eterna (Mateo 25:46; Apocalipsis 20:15).
Como la pena justa por el pecado es infinita y eterna, sólo Dios podría pagar la pena, porque sólo Él es infinito y eterno. Pero Dios, en Su naturaleza divina, no podía morir. Entonces Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Dios se encarnó, vivió entre nosotros, y nos enseñó. Cuando la gente los rechazó a Él y Su mensaje, y procuró matarlo, Él de buena voluntad se sacrificó por nosotros, permitiéndose ser crucificado (Juan 10:15). Como Jesucristo era humano, Él podía morir; y ya que Jesucristo era Dios, Su muerte tenía un valor eterno e infinito. La muerte de Jesús en la cruz fue el pago perfecto y completo por nuestro pecado (1 Juan 2:2). Él tomó las consecuencias que merecíamos. La resurrección de Jesús de entre los muertos demostró que Su muerte en efecto fue el sacrificio absolutamente suficiente por el pecado.
"Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo" (Hechos 16:31). Dios ya ha hecho toda la obra. Todo lo que debes hacer es recibir por fe la salvación que Dios te ofrece (Efesios 2:8-9). Confía plenamente solo en Jesús como el pago por tus pecados. Cree en Él, y no perecerás (Juan 3:16). Dios te está ofreciendo la salvación como regalo. Todo lo que tienes que hacer es aceptarla. Jesús es el único camino de la salvación (Juan 14:6).