Una tendencia inquietante

En 1975, estuve enseñando biología y ciencias generales en un colegio de gobierno en Australia.
La mayoría de los profesores se empezaron a quejar de que era más difícil controlar a los estudiantes hoy que en años anteriores. Estaba ocurriendo un cambio terrible en comparación a las generaciones pasadas.

En esa década, todavía se le permitía a los pastores dar clases de religión en las escuelas públicas. Un día, me compartieron sus crecientes frustraciones—los estudiantes se portaban mal, y la mayoría estaba desinteresada en lo que se les enseñaba.

¿Qué era lo que se les enseñaba a estos estudiantes? Los viajes misioneros de Pablo, el Evangelio de Jesucristo—su muerte y resurrección, el nuevo cielo y la nueva Tierra, y otras enseñanzas del Nuevo Testamento. Sin embargo, claramente no estaba funcionando. Estos pastores me pidieron consejo de cómo alcanzar a estos jóvenes.

Me di cuenta que la evolución (de moléculas al hombre) ahora era presentada como un hecho, y esta filosofía era la base para la mayoría de las materias, no sólo las ciencias. Les dije a estos pastores: ¿Saben lo que se les está enseñando a estos estudiantes en la mayoría de sus clases? Que sólo son animales que evolucionaron en última instancia de una sopa primitiva desde hace millones de años. Se les está adoctrinando para que crean que la evolución es un hecho científico.

Creciendo en un mundo lleno de tecnología maravillosa, le tienen un gran respeto a la ciencia. No se dan cuenta de que la evolución no es ciencia observable y repetible. Entonces para ellos, la Biblia es tan sólo un anticuado libro religioso.

Después de todo, se les enseña cómo el sistema solar se formó de una nube de polvo a lo largo de millones de años, que la Tierra tiene miles de millones de años, y que el registro fósil es la historia de la evolución de la vida. Se les enseñan dibujos de hombres mono, a los que consideran sus antepasados. En historia, oyen del ‘hombre primitivo’ pasando por una Edad de Piedra en este proceso evolutivo ascendente.

Es decir, les expliqué a los pastores que día tras día, clase tras clase, sin que se mencionara la Biblia, se estaba inocu- lando a estos estudiantes en contra de creer en lo que dice la Biblia sobre nuestros orígenes.

Entonces dije: Pastores, aquí está el problema. Los estudiantes son enseñados que la evolución y sus enseñanzas contradicen la Biblia sobre Adán y Eva y luego vienen a sus clases de religión donde les enseñan lo opuesto. Sin embar- go, ya que piensan que la Biblia es un libro anticuado que la ciencia ha rebatido, ¿por qué deberían estar interesados en escuchar lo que les dicen?

LA SENCILLA SOLUCIÓN

Sugerí que antes de poder enseñar efectivamente sobre otros asuntos, necesitaban informarles a los estudiantes que la Biblia era la infalible Palabra de Dios, y que de verdad podían confiar en ella. Después de todo, si, desde su perspectiva, no se puede confiar en el primer libro de la Biblia— ¿por qué se debería confiar en cualquier otro?

Como una señora me lo expresó 20 años más tarde: ‘Cuando mi iglesia me dijo que tenía que aceptar la evolución, y que no se podía creer en Génesis tal como estaba escrito, pregunté ¿entonces cuándo empieza Dios a decir la verdad?’ Trabajando con los pastores, pensamos en una serie de clases que enseñaba a los alumnos que la evolución sólo era una creencia, que no hubo hombres mono, que los evolucionistas no habían probado que la Tierra tuviera miles de millones de años y que había problemas graves con sus teorías sobre el origen del sistema solar.

Cuando los pastores presentaron estas clases, se quedaron estupefactos. Los alumnos escuchaban atentamente. Estu- vieron sumamente interesados, y tenían muchas preguntas. ‘¿Y el Carbono 14?’ ‘¿Dónde encajan los dinosaurios?’ ‘¿Por qué no nos dan esta información los otros profesores?’

EL MARAVILLOSO RESULTADO

¡Qué diferencia! Muchos de los alumnos empezaron a mos- trar gran interés en cosas espirituales. Más tarde, cuando los pastores empezaron a enseñar sobre Jesús en el Nuevo Testamento, tuvieron mucho más éxito consiguiendo que estos jóvenes escucharan y que les hicieran caso.

No me había dado cuenta de que estaba involucrado en de- sarrollar un método de evangelismo que más tarde llegué a entender como ‘Evangelismo Creacionista’. Ese método ha traído a miles a los pies de Cristo siendo uno de los méto- dos más poderosos para alcanzar el mundo de hoy con el Evangelio de Jesucristo.

CONCLUSIÓN

Tristemente, la mayoría de la Iglesia se está perdiendo de una de las maneras más fructíferas de alcanzar a la gente para Cristo. El evangelismo Creacionista trae bases a la fe cristiana y defiende el fundamento Bíblico desde el principio, por eso es un método exitoso que pudiera cambiar naciones enteras, si sólo la Iglesia lo entendiera y lo utilizara

en el mundo tan escéptico.
—Ken Ham en su libro Evangelismo para el Nuevo Milenio

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