El Purgatorio

El Purgatorio: una doctrina Católica Romana esencial.

Aunque no existe una base bíblica para el purgatorio, hay una gran necesidad filosófica para él en la teología de la Iglesia Católica Romana (ICR). La ICR ve la salvación como el adorno objetivo o la beatificación del alma. Es un proceso que empieza en el bautismo a través del cual la gracia santificadora inicial se infunde. Esto hace que el alma sea santa e inherentemente agradable a Dios. Otros sacramentos y buenas obras avanzan la justificación del alma y la hacen aun más atractiva para Dios. La meta es transformar el carácter esencial del alma en algo que en sí es objetivamente bueno. Es, por tanto, razonable exigir la limpieza total de cualquier vestigio de pecado antes de que el alma pueda entrar en la presencia de Dios. El purgatorio es la extensión lógica del proceso de salvación de la ICR.

El purgatorio es también un elemento integral del sistema penitencial católico romano. De acuerdo con la ICR, cada pecado abona castigo temporal en la cuenta del pecador. Actos de penitencia, el sufrimiento e indulgencias debitan la cuenta. Como los pecadores no pueden satisfacer totalmente el pecado en esta vida, el purgatorio en la vida después de esta es necesario para saldar la cuenta.
Finalmente, la ICR usa el purgatorio para motivar a los católicos a vivir justamente. Si no hubiera el purgatorio, va el razonamiento, la gente seguiría pecando sin temor.

La salvación bíblica, sin embargo, no tiene necesidad de un lugar como el purgatorio. La salvación bíblica no depende de las obras y sufrimientos de los pecadores, sino sólo de Cristo. El Señor Jesús “efectuó la purificación de nuestros pecados” (Hebreos 1:3) en la cruz. Su sangre puede limpiar al pecador más vil (Hebreos 9:14(. No queda ningún castigo temporal que el creyente deba expiar; Jesús lo pagó todo: “Él es la propiciación por nuestros peca- dos” (1 Juan 2:2).
La salvación bíblica no tiene necesidad de un lugar como el purgatorio donde el alma supuestamente llegue a ser objetivamente bella a Dios. Más bien, tiene sus raíces en la imputación de Dios de Su propia justicia perfecta(2Corintios5:21). La salvación bíblica trae una justicia “por fe y para fe”(Romanos1:17), o sea, desde su inicio, toda la obra de salvación es únicamente por fe. El pecador pone su fe en Cristo para justificación. Anda por fe y a través del poder del Espíritu vive justamente. No obstante, no tiene ninguna esperanza de ser personal y objetivamente lo suficientemente bueno en sí mismo para disfrutar de la presencia de Dios. Confía sólo en Cristo para su salvación.
En vez de enfocar las buenas obras y el sufrimiento del individuo, la salvación bíblica enfatiza la obra perfecta de Cristo. Él es suficiente para hacer que los pecadores se presenten “sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24). Dios ya no mira a la persona como un pecador mancillado, sino que lo ve sólo en Cristo (Efesios 1:1-14), “santo y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4).
Finalmente, la salvación bíblica supone un nuevo nacimiento que resulta en una nueva creación (Juan 3:7; 2 Corintios 2:17; Gálatas 6:17; Efesios 2:15). Un cristiano nacido de nuevo quiere obedecer a Dios. Está motivado por el amor de Cristo, no el temor de retribución (2 Corintios 5:14; Romanos 8:15).
¿Creen aún los católicos en el purgatorio? Muchos católicos modernos piensan del purgatorio como una reliquia de la Edad de las tinieblas, que preferirían olvidar. Algunos católicos hasta creen que el purgatorio ya no es una doctrina de ellos.
A pesar de la opinión popular, el purgatorio aún es un dogma oficial de la ICR y una parte esencial de su plan de salvación. La ICR afirmó la existencia del purgatorio en cada uno de los últimos concilios ecuménicos: Trento, Vaticanos I y II. Este último describió el purgatorio como un lugar donde las almas de los muertos hacen expiación “en la próxima vida a través del fuego y tormentos o castigos purificantes”. De acuerdo con el Vaticano II, “en el purgatorio las almas de aquellos que murieron en el amor de Dios y verdaderamente arrepentidos, pero no había hecho satisfacción con penitencia suficiente por sus pecados y omisiones, son limpiados después de la muerte con castigos diseñados para expiar su deuda”. El catequismo de la Iglesia Católica describe el purgatorio como un lugar de “fuego limpiador”.
La creencia en la existencia del purgatorio también se expresa en cada misa. Durante la liturgia de la Eucaristía, se ofrecen rezos por los muertos. Normalmente la misa en sí también se ofrece por alguien que sufre en el purgatorio. Se anuncia o publica el nombre de la persona por adelantado. Cada año, por cierto, en el aniversario de la muerte del último papa, el papa actual ofrece misa por las almas de sus dos predecesores que presumiblemente sufren todavía en el purgatorio.
—James McCarthy

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